María Magdalena, en tu audacia movida por el amor, generaste relaciones de vida en tu entorno, relaciones que perfumaron el ambiente y dejaron huellas de la acción de Dios en tu vida. 

Nuestras primeras constituciones[1] nos presentan a María Magdalena como modelo del don de fortaleza, ella “fue capaz de sobrellevar durante muchos años, una vida de rigurosa penitencia y de permanecer bajo la cruz mientras los Apóstoles casi todos huyeron”.

Celebrando el día de su festividad, les comparto esta breve reflexión orante. 


María Magdalena, en tu audacia movida por el amor, fuiste capaz de ir más allá de las normas establecidas para las mujeres de tu época, te acercaste al maestro y lo seguiste junto a otras mujeres.

María Magdalena, en tu audacia movida por el amor, creíste y experimentaste en tu vida el anuncio del amor de Dios por cada persona; te acercaste a él sin vergüenza, confiando en su amor.

María Magdalena, en tu audacia movida por el amor, venciendo tus temores permaneciste fiel y solidaria al pie de la cruz junto a tus compañeras de camino.

María Magdalena, en tu audacia movida por el amor, permaneciste atenta a su dolor, al lugar donde sería puesto, a preparar los aromas para ofrecerle la muerte digna y arriesgaste ir aún en oscuro, de madrugada a su encuentro.

María Magdalena, en tu audacia movida por el amor, no dudaste en expresar tu dolor expresado en llanto cuando no encontraste su cuerpo en la sepultura, lo seguiste buscando y lo confundiste con el encargado del huerto.

María Magdalena, en tu audacia movida por el amor, recibiste el gozoso anuncio de su resurrección, lo reconociste cuando pronunció tu nombre, renovaste la relación con él desde un de amor que trasciende recibiendo la misión de anunciarnos que “¡El está Vivo!”

María Magdalena, en tu audacia movida por el amor, corriste hacia tus hermanos/as con la alegre noticia experimentada en tu encuentro. No te intimidó la incredulidad expresada por algunos de los discípulos. ¡Nadie podía quitarte la experiencia vivida!

María Magdalena, en tu audacia movida por el amor, has engendrado la comunidad naciente en torno al Señor Resucitado. Has liderado el anuncio evangelizador de una Iglesia donde hombres y mujeres tienen algo que aportar, una experiencia a construir y comunicar.

María Magdalena, en tu audacia movida por el amor, generaste relaciones de vida en tu entorno, relaciones que perfumaban el ambiente y dejaron huellas de la acción de Dios en tu vida. 

María Magdalena, en tu audacia movida por el amor, sigues presente hoy en nuestra historia, invitándonos a ser testigos/as de Jesús Resucitado en la vida cotidiana, en medio de las alegrías, incertidumbres y dolores que experimentamos e invitándonos a apoyarnos unos/as a otro/as en el seguir haciendo realidad la comunión de los hijos/as de Dios.

 

PREGUNTAS PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL.

En medio de la situación de pandemia que vivimos ¿Cuántas María Magdalena encontramos en la vida cotidiana?

¿Qué puedo aprender de ella para ofrecer entre los que que comparto la vida?

 

Hna. María Salomé, ssps

 

[1] Constituciones y Estatutos de la Congregación de las Siervas del Espíritu Santo del año 1891, Regla 3 de los patronos de la Congregación, Estatuto