Espíritu Santo te pido,

Inspirarme siempre,

Lo que debo pensar,

Lo que debo decir,

Como lo debo decir,

Lo que debo callar,

Como debo actuar,

Lo que debo hacer,

Para la gloria y satisfacción de Dios,

El bien de las almas y la de mi propia santificación.

 Espíritu Santo,

Te ruego que,

Me des agudeza para entender,

Capacidad para retener,

Método y facultad para aprender,

Sutileza para saber interpretar,

Gracia y eficacia para poder hablar sabiamente.

 

Espíritu Santo,

Te pido que me des acierto al empezar,

Dirección al progresar,

Y perfección al acabar.

Sé que me oyes y en ti espero.

Amén

(Cardenal Verdier)

 

 

 “DICEN POR AHÍ QUE DIOS SE HA VUELTO LOCO

Que se hizo un niño pobre y que creció en el barro como tú y yo. 
Dicen que una niña campesina lo tomó en sus manos, 
lo arrulló en sus brazos, y le daba amor.
Dicen por ahí que Dios se ha vuelto loco.


Que dejó el cielo y a sus ángeles en Gloria,
y con maleta en mano se mudó a nuestra colonia, 
y sin más protección que sus sandalias rotas 
vino a compartir nuestro pan y nuestras derrotas. 
Dicen que dejó su trono allá en el monte santo, 
para sentarse adonde los culpables tienen su banco, 
y que abandonó el paraíso prometido 
para conocer en carne propia mis infiernos más temidos.

Dicen que Dios se ha vuelto loco.
Que llegó esa noche de sorpresa cuando 
no esperábamos a nadie en nuestra mesa, 
cuando ya creíamos que Dios nos había olvidado, 
y no contábamos con que quería caminar a nuestro lado. 
Dicen que huyó de su tierra natal, y como emigrante 
tuvo que esconderse al caminar. 


Refugiado en el silencio, perseguido por la ley. 
Ese fue su pan y la copa agria que escogió beber. 
Dicen que esa fue su locura, que siendo el eterno e inalcanzable, 
se hizo el invitado en nuestro hogar, 
que aceptó las reglas de nuestro juego 
y en nuestras suelas quiso caminar.

Dios se enamoró de ti, de mí cuando éramos necios 
y como amante enloquecido, 
vulnerable se volvió a nuestros desprecios. 
Pudo habernos obligarlo a amarle. 
Pudo habernos convencido a adorarle.


Pero no eligió la ruta del Isaías, aquellos que nos llevan a servirles con sus leyes, 
pero, Él para conquistarnos, se volvió de carne y hueso. 
Se convirtió en uno de nosotros para amarnos. 
Por eso celebramos en esta noche fría, 
aquello que siendo una paradoja, se convirtió en una bella poesía, 
y Aquél que sostiene el universo con su mano, 
cruzó el infinito mar de estrellas, 
para hacerse Nuestro Padre, Nuestro Amigo, y nuestro Hermano”.

Ulizes Oyarzún

 monseñor Romero

Con ocasión de la canonización de Monseñor Romero, te compartimos esta bella oración.  La Iglesia hoy necesita hombres y mujeres apasionados por Cristo y los valores de su Reino.

Si compartes este deseo, unte a nuestra oración!

 DANOS LOCOS, SEÑOR

¡Oh Dios!, envíanos locos, de los que se comprometen a fondo, 
de los que se olvidan de sí mismos, 
de los que aman con algo más que con palabras, 
de los que entregan su vida de verdad y hasta el fin.

DANOS LOCOS, SEÑOR, DANOS LOCOS.
Danos locos, chiflados, apasionados, 
hombres capaces de dar el salto hacia la inseguridad, 
hacia la incertidumbre sorprendente de la pobreza.

DANOS LOCOS, SEÑOR, DANOS LOCOS.
Danos locos, que acepten diluirse en la masa 
sin pretensiones de erigirse en escabel, 
que no utilicen su superioridad en su provecho.

DANOS LOCOS, SEÑOR, DANOS LOCOS.

Danos locos del presente, enamorados de una forma de vida sencilla, 
liberadores eficientes de los pobres, 
amantes de la paz, puros de conciencia, 
resueltos a nunca traicionar, libres y obedientes, 
espontáneos y tenaces, dulces y fuertes.

DANOS LOCOS, SEÑOR, DANOS LOCOS.

Autor: L J. Lebret

 

 La Virgen sueña caminos, está a la espera; 
la Virgen sabe que el niño, está muy cerca. 
De Nazaret a Belén hay una senda; 
por ella van los que creen, en las promesas. 

Los que soñáis y esperáis, la buena nueva, 
abrid las puertas al Niño, que está muy cerca. 
El Señor, cerca está; él viene con la paz 
El Señor cerca está; él trae la verdad. 


En estos días del año, el pueblo espera 
que venga pronto el Mesías, a nuestra tierra. 
En la ciudad de Belén, llama a las puertas, 
pregunta en las posadas, y no hay respuesta. 

Los que soñáis y esperáis, la buena nueva, 
abrid las puertas al Niño, que está muy cerca. 
El Señor, cerca está; él viene con la paz 
El Señor cerca está; él trae la verdad. 

La tarde ya lo sospecha: está alerta. 
El sol le dice a la luna, que no se duerma. 
A la ciudad de Belén, vendrá una estrella, 
vendrá con todo el que quiera, cruzar fronteras. 

//Los que soñáis y esperáis, la buena nueva, 
abrid las puertas al Niño, que está muy cerca. 
El Señor, cerca está; él viene con la paz 
El Señor cerca está; él trae la verdad. //

 

 

 

Adviento 
es una multitud de caminos, de búsqueda y esperanza para recorrerlos a ritmo

ligero siguiendo las huellas de Abraham, nuestro padre en la fe, de Jacob,

enamorado, astuto y tenaz, de Moisés, conocedor de desiertos y guía de tu

pueblo, de Isaías, profeta y cantor de un mundo nuevo, 

de Jeremías, sensible a los signos de los tiempos, 

de Juan Bautista, el precusor humilde y consciente, 
de José, el enraizado y con la vida alterada, 

de María, creyente y embarazada, y con los ojos fijos en quien va a nacer 
en cualquier lugar y circunstancia. 

Adviento, 
en nuestra vida e historia, siempre es una aventura osada que acontece

en cualquier plaza, calle y encrucijada, o en el interior de nuestra casa, 

o en nuestras propias entrañas. 



Adviento 
es tiempo y ocasión propicia para preparar el camino: 
igualar lo escabroso, enderezar lo torcido, rebajar lo pretencioso, 

aventar el orgullo, 
rellenar los agujeros negros, despejar el horizonte, señalar las fuentes

de agua fresca, no crear nieblas ni tormentas sembrar verdad, justicia

y amor y tener el corazón con las puertas abiertas. 

Te agradecemos, Señor, la reiterada presencia del Adviento en nuestra vida e historia. 

En él, gracias a tu Espíritu y Palabra, y a nuestra humilde acogida, 
despunta una nueva aurora. 


Autor: Florentino Uribarri